Para empezar, he conocido a la gente más maja del mundo, esos frikis valencianos tan simpáticos.
Y bueno, no solo valencianos, que aquí todo vale ;)
En fin, yo creo que lo mejor es poner mi experiencia relatada como un sueño.
EXPERIENCIAS DE LA ESTELCON 2007
Esta parte del diario de eventos de la STE es sin duda la más importante que he escrito nunca, porque ha sido también algo fuerte para mí. La EstelCon 2007, mi primera EstelCon, no ha sido sólo un evento para frikis de Tolkien. Ha sido una convención inigualable que ha dejado marcada mi alma, y que me ha otorgado el honor de conocer a los nueve frikis más simpáticos, agradables y encantadores que he conocido. Estas páginas permanecerán siempre aquí, al igual que el recuerdo del evento permanecerá grabado siempre en mi memoria, pues la amistad que allí se ha forjado carece de igual.
Fue hace mucho tiempo, la fría tarde del primer domingo de febrero, cuando comenzamos a hablar de lo que sería la EstelCon 2007. Para mí era a la vez algo conocido y desconocido: habíamos visto en otras reuniones del Smial de Númenor DVDs con grabaciones sobre Estelcones anteriores, pero aquello era totalmente diferente. Sería el anfitrión de mi primer encuentro anual nacional de la STE, y la idea me resultaba extraña, fascinante, increíble. Siempre me habían hablado muy bien de las Estelcones, las convenciones anuales de frikis de Tolkien, en las que gente de toda España acudía para convivir durante unos días, conocer gente nueva y asistir a los mejores festivales, actuaciones...
Ese día, sentí que algo me decía que valdría la pena, que la EstelCon cambiaría mi vida. Y me puse manos a la obra. Cada uno o dos domingos nos reuníamos en el centro cultural Trece Rosas de Madrid (que por cierto, en la farmacia de enfrente no te saben decir dónde están).
Así empezamos a realizar poco a poco todo lo necesario para el gran evento, como son el atrezzo, los guiones y la publicidad. Así pasaron los meses.
Raudos llegaron junio y julio, y fue entonces cuando tuvimos que ultimar el desarrollo de lo más importante: los mathoms para los invitados. Durante esos dos meses invadimos las cocinas de distintos socios de Númenor para hornear los mathoms de arcilla que entregaríamos a todos los asistentes, y a la par seleccionamos la música para el baile de gala, tallamos con sumo cuidado y cariño la nueva pieza del puzzle de la STE para el Smial Escolar de Rivendel, compramos las dos copas que unirían a Númenor y Cuernavilla y, lo más costoso y lo que más pena ha valido: los estandartes.
Durante todo agosto estuve ausente, de vacaciones en Galicia. Regresé a casa el 31 de agosto, y tres días después, el primero de septiembre, subí al coche que me llevaría al Monasterio de Uclés. Un coche conducido por Pablo Medina, director de Morwen Productions; el mejor productor que he conocido.
Y así, tras dos horas y media atrapados en un atasco, llegamos al gran monumento en el que se iba a llevar a cabo la EstelCon de Himring. Tendríamos que estar allí desde el lunes hasta el miércoles preparándolo todo para que, del jueves al domingo, los invitados pudiesen disfrutar de una estancia agradable.
Esos cuatro días fueron duros, con sus escasas horas de sueño cansado, sus continuas subidas y bajadas de escaleras, montaje de estandartes, nudos, servilletas, cuestas...
El más sonado de los tres días fue el miércoles, que nos tocó recorrer todas las celdas de una en una, recogiendo toda la basura que encontráramos... ¡Con la mano y una bolsa! En fin, de ese acontecimiento, aparte del hecho de haber permanecido con las manos en el lavabo durante una considerable cantidad de tiempo, recuerdo los curiosos desperdicios que nos encontramos: bolsas de gusanitos, castañas, pedazos de llave inglesa, alambres, chanclas, trozos de camiseta, pendientes, tampax, pósters subidos de tono y notitas bajo la almohada, como esa que decía “Chati, al terminar el campamento nos vemos en la cama”.
En fin... Después de eso, y de la última noche tranquila y soñando con trabajo, trabajo y trabajo, llegó el jueves, y con él los invitados. Me situé en la tolkientienda, y los asistentes fueron llegando, desde todas partes de la península y sus archipiélagos. Entre ellos había dos jóvenes muy parecidas, que me daba la sensación de que me miraban de reojo... Pero pasé del tema y seguí entregando acreditaciones, libros de los Gandalf, marcapáginas y folletos con el horario a todos los visitantes, hasta que llegó Ardias, desde el lejano Lindon en el norte.
Pronto llegó la hora de la comida. Y este punto lo he marcado porque es el más importante: fue cuando nos sentamos en la misma mesa donde estaban los socios del Smial Escolar de Rivendel. Y en ese mismo momento, comprendí que aquella leyenda de las nuevas amistades que surgían en las Estelcones era cierta. Sin esa decisión, la EstelCon no habría sido lo mismo, ni mucho menos.
Esa tarde me sentía como si hubiese estado con ellos toda la vida, les contaba mis penas (más bien lloriqueos por el tener que ensayar continuamente el Ainulindalë) y jugábamos a las cartas, al juego de la puta.
Y pronto llegó la noche y la cena, y luego el Ainulindalë, y después las nuevas amistades (entre las que destaco a mis gemelas favoritas, Marta y María) se marcharon a ensayar algo para el sábado.
El viernes el grupo aumentó, y tres personajes sin smial se unieron a nuestras huestes: Javi (o también G.T.A., el hobbit elfo), Marco (al que había apodado como “el mudo del dedo en la boca”) y Nestor (al que pronto conoceríamos como “el marido temporal”, por el tema del anillo cambia-color). Por la mañana se representó la Matanza de Hermanos. Ese día hubo muchos talleres y conferencias, y también mucho trabajo, y la proyección del tolkiendil cuento del Señor Bliss por parte de Rivendel, además de un inolvidable encuentro musical, el LumiLindë. Y también Marco dejó de ser “el mudo del dedo en la boca”, pues descubrí que se parecía a mí más de lo que yo pensaba. Spriter, friki de Zelda y de los RPG en general: aficiones comunes.
El sábado por la mañana fue la muerte de todos en general: la Asamblea General, de la que no diré aquí nada para no aguar la fiesta (...). Mi experiencia en la Asamblea General fue terrible: estaba sentado en una incómoda silla de madera con reposa-brazos compartido, en la cripta (sinónimo de frío), en una reunión en la que no entendía ni palabra, y con una roca atravesada en la garganta, que me reflejaba continuamente la imagen del resto del grupo jugando a las cartas mientras yo estaba allí, condenado. Se hizo un descanso para comer, en el que me enteré de que los cinco valencianos nos abandonarían el día siguiente tras el desayuno. Con la congoja en mi corazón regresé a la Asamblea, pero recapacité mi error y volví a salir, y aprendí a jugar al mentiroso (juego de cartas).Y bueno, después tuvimos tiempo libre, algún que otro taller, y después vino...
Operépica: La Batalla de Maldon. Este evento fue, a mi modo de ver, el más grandioso de toda la EstelCon, a cargo de los smiales de Edhellond y Rivendel (y el apoyo de dos numenóreanos). Se trataba de una obra que intercalaba las escenas dramatizadas con el relato cantado por tres insustituibles integrantes de un grupo musical de la STE. Una obra que me fascinó y me llegó al corazón.
Después de esto se realizó la actuación de Beren y Luthien en la capilla, y después, el momento más aclamado de todas las estelcones en general...
Cena de Gala. La Cena de Gala es el evento más importante de toda estelcon, en que es tradición que todo invitado y anfitrión se atavíe con sus mejores galas para una cena compartida a la luz de las velas. Yo, por supuesto, me uní al grupo de Rivendel, y no cometí error alguno, pues no pude haber elegido mejor compañía en la EstelCon 2007 que Marta, María, Alicia, Javi, Alex, Marco, Nestor... Nunca olvidaré la elegancia con que las gemelas me deslumbraron al salir al patio con sus vestidos, casi tan hermosos como ellas mismas.
Y bueno, la cena de gala dio comienzo con los brindis de Númenor y Cuernavilla, y nos sirvieron ensaladilla, fiambres, lomo y tortilla, a la una y media de la mañana. Una vez terminamos, el smial de Númenor entregó varios mathoms a los invitados, entre ellos sus estandartes oficiales de Himring 2007. Luego se cambiaron las tornas y los distintos smiales regalaron mathoms al smial anfitrión. Entonces había intenciones de irse a la cama, pero Marco y María desaparecieron tras una columna. Nos sentamos a esperarles en nuestro tronco, y alguien se puso a tararear Y nos dieron las diez y las once...
Tardaron un rato en volver cogidos de la mano, y entonces fuimos conscientes de la felicidad que emanaba de los labios que habían unido.
Y cada mochuelo se fue a su olivo, a excepción de parte de los no-valencianos (Ardias, Javi, Nestor y yo), que no pegamos ojo. Nos quedamos en el patio, cantando canciones, contando chistes, haciendo carreras de flanes y haciendo el baile de la fruta.
Pero...
Más pronto de lo que quisiéramos, llegó ese momento. El momento que nadie quería ver llegar, la hora que todos evitaban y olvidaban los días anteriores. Llegaron las nueve de la mañana del domingo, fue el último desayuno que compartimos todos juntos, antes de que la peña valenciana fuese acompañada por nosotros a sus habitaciones. Allí su equipaje fue preparado rápidamente, contando con un nuevo bulto en forma de la linterna favorita de Marta.
Y...
El momento llegó.
Estábamos en el exterior del monasterio, ante el coche ya cargado y preparado para ir hacia Valencia. Marco y María se daban el último beso, todos nos despedíamos con un par de besitos, un apretón de manos o un abrazo de despedida. Y los valencianos subieron en el coche, y mientras Alex arrancaba, Marco seguía con el rostro inexpresivo la mirada de María, hasta que ésta se perdió.
Entonces comenzamos a caminar de regreso al Monasterio, pero Marco no aguantó más, y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. Le di ánimos y esperanzas, hasta que por fin sonrió y asintió, y entramos a Himring de nuevo.
Aquella mañana fue, para todos los que quedábamos, muy distinta a las otras tres. El espíritu del grupo había mermado al perderse la presencia de Marta, María y compañía, y aunque pretendiésemos ocultarlo, en nuestro corazón teníamos clavada una aguja.
Los talleres de la atrasada “tarde de comisiones” tuvieron lugar mientras paseábamos por el monasterio. Marco adquirió un disco con las canciones de la operépica “La batalla de Maldon”, fuimos de aquí para allá, buscando temas de conversación que alejaran el malestar de nosotros.
Pero pronto nos convocaron en la cripta, y nosotros acudimos. Allí se hizo entrega de numerosos premios, todos ellos merecedores de aplausos.
Y entonces...
El final.
Óron Mornen, presidente del smial de Númenor, dedicó a los presentes palabras de despedida, y entonces sucedió aquello que marca el final de todas las Estelcones. Tomó un ejemplar de El Retorno del Rey y leyó el final, la marcha de Frodo en los Puertos Grises, el regreso de Sam a casa. Muchos fueron los que derramaron lágrimas en aquellos momentos, inclusive el mismo presidente.
Terminada la lectura, subimos a comer, sin hablar demasiado. Luego preparé el equipaje con la ayuda del gran Marco, y entonces los padres de Ardias llegaron a buscarnos. La despedida fue triste, con lágrimas propias de por medio. Y cuando subí al coche, y el monasterio de Uclés, la fortaleza de Himring, fue desapareciendo en el lejano horizonte a mi espalda, cerré los ojos y me dejé llevar, como si la EstelCon hubiese sido un gran sueño. Y en verdad lo ha sido, pues ha sabido chocar en los corazones, ha sabido complacer los deseos de los asistentes, y sobre todo, ha sido un evento épico e inolvidable, que quedará grabado en la historia de muchos,
Realmente, la EstelCon de Himring, la Mereth Aderthad 2007, ha sido un evento insuperable e inolvidable, no por el trabajo de la organización, no por la actitud general, sino por la continua e incansable participación de otros smiales en su desarrollo, en sus actividades, en el empleo del tiempo libre.
Bien, este rollo que tal vez haya hecho dormir al lector llega a su fin. No olvidaré las tan queridas partidas a la puta, con Alicia y Nestor compinchados, con Marta y su mortal siempre aliado Ardias. Tampoco olvidaré los paseos por la fortaleza, las interminables charlas en el tronco, en los cuartos. No olvidaré que tuve el privilegio de acompañar a Marta a la cena de gala.
Y por supuesto, no olvidaré jamás los tres días (y medio para algunos) que he compartido con los mejores frikis que he conocido.
Espero que nos veamos pronto, que no haya que esperar a la próxima EC. Y por supuesto, que nadie se olvide de nadie. Por que entonces, ¿de qué serviría todo esto?
Hasta aquí la crónica!!
espero que os haya gustado gente. Espero comentarios!!
Ya nos veremos!